Si has comido alguna vez en un restaurante en España entre la una y las cuatro de la tarde, probablemente has visto una pizarra en la entrada con la oferta del día: primer plato, segundo plato, postre, bebida y pan incluido, todo por un precio cerrado. Eso es el menú del día, y es una de las tradiciones gastronómicas más singulares de Europa. No existe nada equivalente en Francia, Italia o Alemania con la misma extensión y arraigo.
El origen del menú del día se remonta a 1964, cuando Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo del régimen franquista, impulsó una legislación para regular lo que entonces se llamó «menú turístico». España vivía el boom del turismo de masas — millones de europeos del norte descubrían las playas mediterráneas — y el gobierno quería garantizar que los visitantes pudieran comer bien y a un precio razonable. Por ley, todos los bares y restaurantes debían ofrecer una comida completa con primer plato, segundo plato, postre, pan y bebida, a un precio fijo según la categoría del establecimiento.
En 1970, el menú turístico recibió un cambio de nombre y de enfoque: pasó a llamarse «menú del día» y se abrió explícitamente a los clientes locales, no solo a los turistas. Se actualizaron los precios — que seguían estando regulados — y se lanzaron campañas para animar a los españoles a aprovechar la oferta. En poco tiempo, el menú del día se convirtió en un hábito cotidiano para trabajadores, familias y estudiantes de todo el país.
La estructura clásica del menú del día se ha mantenido prácticamente intacta desde entonces: un primer plato (a menudo una ensalada, sopa, legumbres o pasta), un segundo plato (carne o pescado con guarnición), postre (fruta, yogur o postres caseros), pan y bebida (agua, refresco, cerveza o copa de vino). Algunos restaurantes ofrecen café incluido. La esencia es clara: una comida completa, variada y saciante por un precio que no te haga pensarlo dos veces.
En cuanto a los precios, el menú del día ha ido subiendo gradualmente con la inflación, pero sigue siendo una opción muy competitiva. Según datos de la encuesta anual de Hostelería de España y Edenred, el precio medio en 2025 se sitúa en 14,20 euros a nivel estatal, un incremento del 1,5% respecto a los 14 euros de 2024. Por comunidades autónomas, los precios más económicos se encuentran en Canarias (13 €), Asturias (13,20 €) y Andalucía (13,40 €), mientras que los más caros están en Baleares (16 €), País Vasco (15,80 €) y Cataluña (15,40 €). En las grandes ciudades como Barcelona o Madrid, no es extraño encontrar menús entre los 13 y los 18 euros según el barrio y el tipo de restaurante.
¿Por qué ha sobrevivido el menú del día cuando la ley que lo creó ya no está vigente? Porque funciona para todos. Para el comensal, es una comida completa sin sorpresas en la cuenta. Para el restaurador, es una herramienta para llenar el local al mediodía, optimizar la compra de producto fresco y fidelizar clientes habituales. Además, la tradición española de la comida larga — herencia de una cultura donde el mediodía es la comida principal del día — hace que mucha gente busque un lugar donde sentarse tranquilamente a comer, no un bocadillo deprisa.
El menú del día también refleja la cocina de temporada mejor que cualquier carta fija. Como los restaurantes lo cambian cada día o cada semana, aprovechan el producto que encuentran en el mercado: alcachofas en primavera, gazpacho en verano, setas en otoño, escudella en invierno. Es una ventana a lo que la tierra y el mar ofrecen en cada momento del año.
Hoy, el menú del día sigue siendo un pilar de la cultura gastronómica española. Ha sobrevivido a cambios políticos, crisis económicas y la irrupción de la comida rápida. Y con herramientas como Menudia, que permiten consultar los menús del día de restaurantes cercanos en tiempo real, esta tradición se adapta a los nuevos tiempos sin perder lo que la hace especial: una buena comida, honesta y a buen precio, para compartir al mediodía.